
La plaza Rafael Rivero, en el corazón de Jerez de la Frontera, se ha convertido este sábado en un rinconcito de Navidad auténtica, alejado del ruido comercial y centrado en lo verdaderamente esencial: el cante, la letra y el calor humano alrededor de la candela. Una zambomba mañanera, celebrada a plena luz del día, ha reunido a vecinos y aficionados en torno a una forma de celebrar que muchos identifican ya como tendencia emergente en la ciudad.
Lejos de escenarios, barras o consumo asociado, la cita ha apostado por una zambomba pura, donde el ámbito comercial desaparece y prevalece la cultura popular. No han faltado las zambombas, los villancicos de nuestra tierra entonados a viva voz y las cuartillas con letras, pensadas para quienes no se saben de memoria coplas que forman parte del imaginario colectivo jerezano.
La escena se ha repetido durante toda la mañana: corros improvisados, palmas acompasadas, voces que se suman sin protagonismos y una candela que, más allá de combatir el frío, ha servido de punto de encuentro. El ambiente, sencillo y cercano, ha recordado a aquellas navidades en patios y plazas donde lo importante no era consumir, sino compartir.
Esta zambomba mañanera en la plaza Rafael Rivero ha puesto de relieve una forma de vivir la Navidad que conecta con la identidad cultural de Jerez, reivindicando el villancico como expresión colectiva y no como espectáculo. Sin horarios cerrados ni programación oficial, el encuentro ha fluido de manera natural, sostenido únicamente por las ganas de cantar y estar juntos.
En una ciudad donde las zambombas se multiplican cada diciembre, esta propuesta sin artificios ni intereses comerciales apunta a un cambio de mirada: menos escaparate y más raíz. Voz alta, letra compartida y calor de la candela han sido los únicos ingredientes de una celebración que muchos ya señalan como ejemplo de la Navidad pura y dura de nuestra tierra.



