España marca distancia ante la escalada de tensión entre Estados Unidos y Venezuela
El Gobierno español rechaza una intervención unilateral tras los movimientos de Estados Unidos contra el entorno de Nicolás Maduro, mientras crece la incertidumbre política y económica en el escenario internacional.

La situación geopolítica internacional ha entrado en una nueva fase de tensión diplomática tras los recientes movimientos de Estados Unidos en relación con Venezuela, que han vuelto a situar en el centro del debate al presidente venezolano Nicolás Maduro y al expresidente estadounidense Donald Trump. En este contexto, España ha adoptado una posición firme, subrayando su rechazo a cualquier intervención militar que vulnere el derecho internacional.
El Ejecutivo español considera que la crisis venezolana debe resolverse mediante vías diplomáticas, el diálogo multilateral y el respeto a la soberanía nacional, evitando acciones unilaterales que puedan agravar la inestabilidad en la región. Desde Madrid se insiste en que, aunque el Gobierno español mantiene una postura crítica con la legitimidad democrática del liderazgo de Maduro, no avala operaciones externas que puedan sentar un precedente peligroso en el orden internacional.
La escalada se produce tras declaraciones procedentes de Washington que apuntan a una implicación directa en el futuro político y económico de Venezuela, incluyendo referencias a la gestión de recursos energéticos, especialmente el petróleo, un elemento clave en el tablero estratégico global. Estas afirmaciones han generado inquietud en varios países europeos y latinoamericanos, preocupados por el impacto que una mayor confrontación podría tener sobre la estabilidad regional y los mercados internacionales.
España, con fuertes lazos históricos, sociales y económicos con Venezuela, observa con especial atención la evolución de los acontecimientos, consciente de las posibles repercusiones tanto en la comunidad venezolana residente como en el ámbito energético y diplomático. El Gobierno español ha reiterado su compromiso con una solución pacífica y consensuada, apostando por el papel de los organismos internacionales como marco legítimo para abordar el conflicto.
Mientras tanto, la incertidumbre continúa creciendo en el escenario global, con una comunidad internacional dividida y un clima de tensión geopolítica que amenaza con prolongarse si no se abren canales efectivos de negociación.



