¿Hasta cuándo es correcto felicitar el Año Nuevo en España?
La tradición de reencontrarse con familiares y amigos reabre cada enero el debate sobre el límite social para desear un feliz año

Con la llegada del Año Nuevo, España revive una de sus costumbres más extendidas: reencontrarse con familiares y amigos que no se veían “desde el año pasado” y aprovechar el saludo para felicitar en persona. Sin embargo, más allá de la broma recurrente, surge cada enero la misma pregunta: ¿hasta cuándo es correcto felicitar el Año Nuevo?
Un límite marcado por la costumbre
En la práctica social española, el consenso es claro. Felicitar el Año Nuevo es plenamente adecuado durante los primeros días de enero, especialmente hasta el 6 de enero, fecha de los Reyes Magos, que tradicionalmente cierra el periodo navideño. Durante este tramo, el saludo se percibe como natural y bienvenido, incluso entre personas con las que no se ha tenido contacto reciente.
A partir de esa fecha, la felicitación comienza a perder fuerza. Entre el 7 y el 15 de enero, todavía se considera aceptable en reencuentros puntuales, especialmente si no ha habido ocasión previa de verse o comunicarse. En estos casos, el “feliz año” funciona como una fórmula de cortesía que contextualiza el tiempo transcurrido.
¿Y después de mediados de enero?
Superada la primera quincena, felicitar el Año Nuevo deja de ser habitual. No es incorrecto, pero sí puede resultar forzado o anecdótico, por lo que suele acompañarse de comentarios informales o humorísticos. En entornos profesionales, el margen es aún más estrecho: lo recomendable es limitar la felicitación a la primera semana laboral de enero.
Claves para no fallar
-
Hasta el 6 de enero: totalmente correcto en cualquier contexto.
-
Del 7 al 15 de enero: aceptable si no hubo contacto previo.
-
Después del 15 de enero: mejor evitarlo o usarlo con tono informal.
-
Ámbito laboral: ceñirse a los primeros días tras la vuelta al trabajo.
Una tradición flexible
Más allá de normas rígidas, el saludo de Año Nuevo en España se rige por el sentido común y el contexto social. La intención —mostrar cercanía y buenos deseos— pesa más que el calendario. Aun así, conocer estos límites ayuda a mantener la cortesía sin caer en lo extemporáneo.



